Lia y Ash se encontraron de repente en una cabaña desconocida, ambos desnudos y visiblemente desconcertados. La cabaña, sorprendentemente bien conservada, emanaba un aire de tranquilidad que contrastaba con la extrañeza de su situación. La incomodidad era palpable entre ellos mientras se miraban mutuamente, sin saber qué decir ni cómo procesar lo que estaba sucediendo.

Los muebles rústicos de madera y las cortinas tejidas a mano daban a la cabaña un ambiente acogedor pero misterioso. Afuera, el bosque se extendía en todas direcciones, con árboles altos que filtraban la luz del sol y una brisa suave que agitaba las hojas. A lo lejos, se escuchaba el murmullo reconfortante de un río cercano.

"Esto es... inusual", murmuró Ash, pasando una mano por su cabello oscuro mientras miraba alrededor en busca de alguna pista que pudiera explicar su presencia en ese lugar.

Lia asintió lentamente, aún tratando de asimilar la realidad de su situación. "Sí, definitivamente no esperaba despertarme aquí."

Un leve sonido de agua corriendo captó su atención desde fuera de la cabaña. Lia y Ash intercambiaron miradas antes de llegar a una decisión silenciosa. "Necesitamos un baño", dijo Lia con una sonrisa irónica. "Creo que ese río podría ser nuestra mejor opción en este momento."

Ash asintió con alivio. "Sí, un baño definitivamente nos vendría bien. Salgamos de aquí."

Con paso cauteloso, salieron de la cabaña hacia la ribera del río cercano. Decidieron separarse para mantener algo de privacidad, conscientes de la extrañeza pero también de la urgencia de refrescarse y limpiarse después de su desconcertante despertar.

El agua estaba helada pero revitalizante, y ambos se sumergieron en la corriente con un suspiro de alivio. Al salir, se miraron con una mezcla de vergüenza y complicidad, reconociendo la absurda situación en la que se encontraban.

De vuelta en la cabaña, su suerte pareció mejorar cuando encontraron ropa limpia y adecuada para vestirse. Entre risas y comentarios sobre las prendas más extravagantes y las más prácticas, finalmente eligieron conjuntos cómodos y versátiles para el día a día.

Sentados a la mesa de la cabaña, ambos respiraron profundamente, dejando que la realidad de su situación comenzara a hundirse. Hablaron sobre ellos mismos, compartiendo fragmentos de sus vidas pasadas y teorizando sobre por qué estarían juntos en este extraño lugar. Ninguno de ellos tenía respuestas, pero la necesidad de compañía y la certeza de que debían ayudarse mutuamente los unió de manera inesperada.

"Supongo que seremos los mejores amigos después de todo esto", dijo Ash con una sonrisa tímida.

Lia asintió con una sonrisa. "Sí, parece que estamos juntos en esto. Al menos tenemos el río y la ropa limpia."

Ambos rieron, conscientes de que, aunque estaban en un mundo desconocido, al menos no estaban solos.

Los días siguientes los encontraron explorando el bosque circundante y la pradera más allá de la cabaña. Aprendieron a recolectar frutas y bayas para alimentarse, descubriendo que el entorno ofrecía recursos suficientes para subsistir. Lia mostró habilidades innatas para identificar plantas comestibles y Ash demostró destreza en la construcción de herramientas simples con madera y piedras.

Las noches se pasaban alrededor de una fogata improvisada, compartiendo historias y sueños sobre lo que podría haber más allá de los límites de su pequeño refugio. A medida que se familiarizaban con su nuevo hogar y entre ellos mismos, surgía una amistad sólida basada en la confianza mutua y el apoyo.

En medio de la incertidumbre sobre su paradero y el propósito de su presencia en ese mundo desconocido, Lia y Ash encontraron consuelo y compañerismo el uno en el otro. Juntos, enfrentarían los desafíos que les aguardaban y trazarían un camino hacia lo desconocido, sabiendo que tenían el mejor aliado posible en esta aventura inesperada.