Caminos Separados

Parte 1: El Viaje de Lia

Lia se despidió de Ash con una mezcla de determinación y nostalgia en el corazón. Habían sido días de relativa calma en la cabaña, pero ahora era momento de explorar más allá, de buscar respuestas y, quizás, una comunidad donde establecerse.


Día 1-2: El Comienzo del Viaje

Con su mochila bien provista y el corazón latiendo con anticipación, Lia se aventuró hacia el este, hacia tierras aún inexploradas para ella. El sol ascendía en el cielo azul mientras caminaba por senderos cubiertos de hierba alta y flores silvestres. El bosque albergaba una diversidad de vida que nunca había visto en su mundo anterior. Pájaros de plumajes brillantes revoloteaban entre los árboles, y pequeños mamíferos correteaban por el suelo cubierto de musgo.

Cada paso que daba parecía llevarla más lejos de la familiaridad de la cabaña con Ash. Aunque sentía la ausencia de su compañero, también sabía que este viaje era crucial para su futuro y el de ambos.

Noche del Día 1: Campamento Solitario

Al caer la tarde, Lia encontró un claro entre los árboles que parecía ideal para pasar la noche. Levantó su tienda con destreza, asegurándose de tener un refugio seguro para descansar. Encendió una pequeña fogata y observó cómo las primeras estrellas comenzaban a aparecer en el cielo nocturno. La soledad del bosque la rodeaba, pero Lia encontró consuelo en la tranquilidad y en la sensación de estar en control de su destino.

Mientras cenaba con alimentos que había recolectado durante el día, Lia pensó en Ash y en los momentos compartidos en la cabaña. Recordó las conversaciones junto a la chimenea y los momentos de risa compartidos. Aunque estaba emocionada por lo que podría encontrar en su viaje, echaba de menos la compañía de Ash y se preguntaba cómo estaría él mientras ella estaba ausente.

Día 2: Encuentros y Desafíos

El sol se alzaba lentamente sobre el dosel del bosque, pintando de tonos dorados las hojas de los árboles y dispersando las sombras matinales. Lia se despertó con el sonido del canto de los pájaros y el suave murmullo del riachuelo cercano. Había decidido emprender su viaje hacia el este, en busca de un pueblo del que había escuchado rumores entre los aldeanos.

Tras despedirse de Ash con una promesa de regresar pronto, Lia se adentró en el bosque espeso, siguiendo un sendero apenas visible entre los árboles. Con cada paso, el paisaje cambiaba gradualmente: colinas cubiertas de helechos se elevaban a su izquierda, mientras que a la derecha, el terreno se abría en claros cubiertos de flores silvestres y musgo esponjoso.

El viaje fue una mezcla de serenidad y tensión. Lia se encontró con animales salvajes curiosos pero no agresivos, como ciervos que la observaban con ojos alertas antes de huir entre los árboles. En un claro, se topó con un pequeño arroyo, cuyas aguas cristalinas reflejaban el cielo azul del mediodía. Tomó un breve descanso para refrescarse y recargar su cantimplora.

Al avanzar, el camino se volvió más accidentado y desafiante. Lia se enfrentó a colinas empinadas y senderos estrechos que serpentean entre rocas y raíces expuestas. En una de estas colinas, sintió la presencia de algo más grande moviéndose entre los árboles. Su corazón latió con fuerza mientras continuaba, manteniendo una vigilancia constante sobre su entorno.

Finalmente, al caer la tarde, llegó a un cruce de caminos donde el sendero se bifurcaba en varias direcciones. No estaba segura de cuál tomar para llegar al pueblo, pero decidió confiar en su instinto y en las historias que había escuchado. Con determinación renovada, se adentró en el camino que parecía llevar más al este, donde esperaba encontrar señales de civilización y seguridad.

Día 2: Encuentros y Desafíos (Continuación)

El sendero que Lia eligió serpenteaba a través de un valle sombrío, donde los árboles se cerraban sobre ella formando un dosel espeso. El aire fresco del bosque llevaba consigo el perfume de las flores silvestres y el musgo húmedo, mientras el suelo crujía bajo sus botas con cada paso firme que daba.

A medida que avanzaba, el camino se tornaba más abrupto y exigente. Las colinas se elevaban ante ella, obligándola a trepar por pendientes empinadas y sortear rocas deslizantes. En ciertos puntos, se encontró con riachuelos cristalinos que cortaban su camino, obligándola a buscar pasos seguros para cruzar.

En un momento, Lia se detuvo en una clara apertura del bosque para descansar y observar su entorno. Desde allí, podía ver las montañas distantes perfiladas contra el cielo anaranjado del atardecer. Un sentimiento de soledad la invadió brevemente mientras se preguntaba si encontraría a alguien en este lugar apartado.