Lia y Ash se sentaron a la mesa de la cabaña, sus miradas reflejando una mezcla de curiosidad y confianza emergente. El sol se deslizaba lentamente hacia el horizonte, tiñendo el cielo con tonos dorados y rosados. Los pájaros cantaban su serenata vespertina, pero sus voces se desvanecían gradualmente mientras el día se despedía en silencio. El suave murmullo del río cercano llenaba el espacio con una serenidad reconfortante, rompiendo la quietud de manera armoniosa.
Lia decidió romper el silencio inicial. Con una sonrisa tímida, comenzó a describirse a sí misma a Ash. "Tengo 18 años", comenzó, jugando con una hoja entre sus manos. "Mi nombre es Lia Evergreen, aunque mis amigos me llaman Lia. Antes de encontrarme aquí, soñaba con ser una artista, pintar paisajes y capturar la esencia de la naturaleza en lienzo."
Ash la escuchaba con atención, sus ojos oscuros reflejando interés genuino mientras asentía lentamente. "Yo también tengo 18 años", dijo después de un momento, su voz tranquila pero firme. "Me llamo Asher Moonshadow, pero puedes llamarme Ash. Solía ser un ávido lector, especialmente de historias de aventuras y mitología. Mis habilidades... bueno, soy bastante bueno con las manos, construyendo cosas simples y reparando lo que puedo."
Hubo un largo intercambio de miradas entre ellos, cada uno tratando de captar los matices del otro mientras compartían detalles íntimos de sus vidas pasadas. A medida que la conversación fluía, surgieron risas suaves y alguna que otra mirada desviada tímidamente cuando los silencios se volvían incómodos.
Fue Ash quien finalmente rompió el hielo, señalando el sol que comenzaba a descender más allá del horizonte. "Se está haciendo tarde", dijo con una leve sonrisa. "Creo que deberíamos averiguar dónde y cómo vamos a dormir esta noche."
Lia asintió, sintiendo una mezcla de alivio por el cambio de tema y anticipación por las decisiones que tomarían juntos. "Tienes razón", dijo. "Creo que podríamos quedarnos aquí por ahora", sugirió Lia, rompiendo el silencio con suave determinación. "Es un lugar seguro y acogedor. Podríamos usarlo como nuestro hogar temporal mientras exploramos y planificamos nuestro próximo paso."
Ash asintió, considerando la idea mientras miraba a su alrededor. "Tienes razón. No sabemos qué más nos espera en este mundo, pero al menos aquí podemos estar seguros por ahora."
Decidieron que la cabaña sería su refugio mientras trazaban un plan para el futuro. Se levantaron de la mesa y comenzaron a explorar más detenidamente su entorno. La cabaña, aunque modesta, estaba bien equipada con herramientas básicas y suministros que podrían ser útiles. Encontraron un mapa rudimentario en una de las estanterías, marcando lugares desconocidos que despertaron su curiosidad y ofrecieron posibilidades para futuras exploraciones.
De vuelta dentro de la cabaña, encendieron una pequeña fogata en la chimenea para calentarse mientras continuaban su conversación. Se sentaron juntos en el suelo, sintiendo el calor reconfortante del fuego mientras hablaban sobre sus habilidades y cómo podrían utilizarlas para sobrevivir y prosperar en este nuevo mundo.
"Creo que podemos hacer mucho aquí", dijo Ash, mirando el fuego con determinación en sus ojos oscuros. "Podríamos explorar los alrededores, tal vez encontrar otros como nosotros."
Lia asintió, sintiéndose optimista por primera vez desde que despertó en ese mundo desconocido. "Podemos construir algo propio aquí", dijo con una sonrisa. "Un hogar que refleje quiénes somos y lo que queremos lograr juntos."
Así, con la decisión de quedarse en la cabaña como punto de partida, Lia y Ash se sumergieron en la planificación de su futuro incierto pero lleno de posibilidades. Juntos, explorarían, aprenderían y se apoyarían mutuamente en esta aventura que los había unido de manera inesperada pero profunda.
Lia y Ash se encontraron mirando hacia la única cama disponible en la cabaña. Una cama grande, acogedora y evidentemente diseñada para una sola persona. Aunque era evidente que necesitaban descansar después de un día lleno de descubrimientos y decisiones, la pregunta de quién se quedaría con la cama planteaba un dilema entre ellos.
Ash miró la cama y luego a Lia con una sonrisa irónica. "Bueno, parece que tenemos un pequeño problema aquí", bromeó, tratando de aligerar la situación.
Lia rió suavemente, pensando en voz alta. "Podríamos lanzar una moneda", sugirió, "o tal vez podríamos investigar otras opciones, como el sofá o incluso el suelo."
Ash consideró la idea, pero luego señaló hacia el sofá en la esquina de la habitación. "Creo que el sofá podría ser una buena alternativa. Es lo suficientemente grande y parecía cómodo cuando lo probé antes."
Lia asintió, evaluando las opciones con seriedad simulada. "Parece una solución justa", dijo con una sonrisa. "No tendríamos que preocuparnos por robarnos las mantas."
Decidieron dejar la cama para una decisión futura y optaron por establecerse en el sofá y el suelo respectivamente, cada uno con una manta para hacer su espacio más cómodo. Aunque no era lo ideal, compartieron risas mientras se acomodaban, reconociendo que este mundo les había lanzado desafíos inesperados pero manejables.
Mientras la luz del fuego parpadeaba en las paredes de la cabaña, Lia y Ash compartieron sus pensamientos sobre el día y sus esperanzas para el mañana. A través de la conversación tranquila y la camaradería emergente, descubrieron que podían confiar el uno en el otro en este viaje incierto que habían comenzado juntos.